Historia general de los Vargas

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Inicio > Personajes > El Inca Garcilaso de la Vega
El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616)

(Cuzco, Perú, 1539 - Córdoba, España, 1616)

"A los hijos de español y de india, o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en indias, y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él." Estas nobles palabras definen la personalidad del Inca Garcilaso de la Vega.

Era hijo natural de Sebastián Garcilaso de la Vega Vargas, capitán de la conquista, que pertenecía a grandes linajes de Castilla y entroncaba con tres poetas: en lo inmediato, con el bucólico "Salicio"; más allá, con Jorge Manrique y con el Marqués de Santillana. Su madre fue la princesa Chimpu Ocllo, bautizada con el nombre de Isabel, sobrina nieta del último rey del Perú, Huaina Cápac Inca. La primera lengua del mestizo fue el quechua; él mismo nos lo dice y lo confirma el hecho de que su madre, al otorgar testamento en 1571, hubo de hacerlo mediante intérprete.

Nuestro Inca Garcilaso guardó igual fidelidad a sus dos ascendencias. Ya en su vejez, en la lengua de su padre, que poseía como propia y manejaba al estilo clásico, pretendió salvar la memoria de lo que había sido la grandeza del pueblo y la familia de su madre.

Nacido en el Cuzco poco después de la conquista (1539), a los veintiún años salió del Perú, cuando dos casamientos habían destruido el hogar común de sus padres. Por Lisboa y Badajoz llegó hasta Montilla, residencia de su tío, el viejo capitán Alonso de Vargas. Usaba todavía el nombre de Gómez Suárez de Figueroa, en memoria de uno de sus abuelos, hasta que en 1563, adoptó el de su padre, Garcilaso de la Vega. Fracasado su intento de regreso al Perú, se radica definitivamente en la Península. Salvo la campaña contra los moriscos de las Alpujarras y alguna que otra ausencia esporádicas vivirá en Montilla durante treinta años.

Alonso de Vargas, que falleció en 1570, instituye heredero de la mitad de sus bienes a su sobrino, pero con usufructo vitalicio para su viuda. Hasta la muerte de ésta, son quince años de mucha estrechez para Garcilaso. Entregado a la lectura para ocupar su tiempo, sintió despertársele una vocación literaria y humanista, que debía acompañarlo en el curso de su larga vida. Sus últimos veinticinco años los vivió en Córdoba, vistiendo el hábito eclesiástico. Diego de Vargas, hijo suyo y de doña Beatriz de la Vega, cuidó de que fuera enterrado en una capilla de la Catedral, donde permanecen sus restos.

El latín y el italiano modelaron su estilo al igual que el de los otros escritores castellanos sus contemporáneos. Una traducción, del italiano, de los Diálogos de Amor (1586) del platónico León Hebreo, es testimonio irrecusable de las preferencias filosóficas del Inca; en la Genealogía de Garci-Pérez de Vargas (1596), a cuya familia pertenece por su padre, nos da interesantes noticias autobiográficas; su relación de la conquista de La Florida (1605) por el adelantado Fernando de Soto, con resonancias de Boyardo, de Ariosto y de Ercilla, es como el llamado del Nuevo Mundo a su hijo, prófugo en el Antiguo; pero, en fin, son los Comentarios Reales de los Incas (1609) y la Conquista del Perú (1613) las obras que afianzan su renombre así en la historia de las letras castellanas como en las fuentes de los estudios americanistas. Con ellas no pretende sino salvar recuerdos, apuntalar ruinas. "Yo, incitado del deseo de la conservación de las antiguallas de mi patria, esas pocas que han quedado, porque no se pierdan del todo, me dispuse al trabajo tan excesivo como hasta aquí me ha sido y delante me ha de ser, al escribir su antigua república hasta acabarla."

Para el mestizo Garcilaso, el Imperio Incaico era una página vuelta definitivamente en el libro de la Historia. Sin embargo, a raíz del alzamiento de Túpac Amaru, en 1782, una Real cédula de Carlos III ordena a los virreyes de Lima y de Buenos Aires recoger todos los ejemplares que pudieran hallar de los Comentarios del Inca, porque "aprendían en ellos los naturales muchas cosas inconvenientes". Quedó prohibido el libro en América y registrado en el índice expurgatorio... pero en la metrópoli circulaba libremente y se reimprimía (Madrid, 1801). Obra juzgada peligrosa por el régimen colonial, era lógico que mereciera todas las simpatías de los gobiernos independientes. El libertador San Martín proyectó en 1814 una edición que debía imprimirse en Londres. Los azares de la guerra lo impidieron. Los Comentarios y la Conquista no se publicaron en América hasta 1918.

Mucho se ha discutido el valor histórico, documental, de la obra de Garcilaso. Desde quienes la consideran trasunto fiel de la civilización incaica, hasta aquellos otros que la motejan de fantasía apolegética, la escala de juicios registra todos los matices.

La verdad subjetiva, es decir, el deseo de veracidad, es innegable. El Inca mismo refiere cómo buscó, acucioso, las fuentes de información y certifica a menudo de su recuerdo personal, de su visión directa. Sinceramente reconoce las fallas que puede tener su memoria. "...Mis parientes, los indios y mestizos del Cuzco y de todo el Perú, serán jueces desta mi ignorancia, y de otras muchas que hallarán en esta mi obra; perdónenmelas, pues soy suyo, y que sólo por servirles tomé un trabajo tan inconfortable como esto lo es para mis pocas fuerzas, sin ninguna esperanza de galardón suyo ni ajeno." Si la tradición recibida de los viejos incas y de su propía madre tenía más de la epopeya que de la historia, no podemos reprochárselo. Si describió una sociedad ideal más que una sociedad real, no olvidemos que es común achaque juzgar de un pueblo por su constitución y por sus leyes. Si en la vejez idealizó memorias de infancia y de primera juventud; si, cercano ya a la tumba, pensó en su cuna y con ternura filial evocaba la tierra que lo vio nacer, pues nade más humano. Aquella tierra lejana, la suya, era la tierra de su madre, su matria, para hablar justamente, no su patria como al uso la llamaba. Garcilaso acometió la obra de los Comentarios por razones patrióticas, o mejor, de solidaridad étnica, "para dar a conocer al mundo nuestra patria, gente y nación".

BIBLIOGRAFÍA

Ediciones
1609 Lisboa Primera parte de los Comentarios reales, que tratan del origen de los Incas, reyes que fueron del Perú, de su idolatría, leyes y gobierno, en paz y en guerra; de sus vidas y conquistas y de todo lo que fue aquel Imperio y su República, antes que los españoles pasaran a él. Escritos por el Inca Garcilaso de la Vega, natural del Cuzco y capitán de S. M. Pedro Crasbeeck impresor.
1723 Madrid  
1801 Madrid  
1918 Lima Los Comentarios reales. Anotaciones y concordancias con las Crónicas de Indias, por Horacio H. Urteaga.
1942 Buenos Aires Selección y prólogo de Augusto Cortina ("Colección Austral" Num. 324). Reediciones: 1946, 1950, 1951.
1943 Buenos Aires Edición al cuidado de Ángel Rosenblat, prólogo de Ricardo Rojas. Emecé editores, S. A.

Traducciones
Inglesas  
1688 Londres The Royal Commentaries of Perú. Traducción por Sir Paul Rycaut.
1869-1871 Londres Nueva traducción por Clement Marlcham. (2 Vols.)
  A cargo de la Unión Panamericana, prepara una nueva traducción inglesa H. D. Livermore (Rib, VI-1, p. 98).

Primera parte de los Comentarios reales. 1609.

Otros apuntes biograficos sobre el Inca Garcilaso de la Vega

Fuente: Cronistas de las culturas precolombinas, Fondo de cultura económica, México-Buenos Aires, 1963, Luis Nicolau d’Olwer. Texto: D.R.

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