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La Casa de Campo cumple 70 años como parque público

Ha pasado de Real Sitio a zona de prostitución.

De lo más alto a lo más bajo. De Real Sitio a «prostíbulo abierto 24 horas». Así se puede resumir la historia de la Casa de Campo, que en su día fue orgullo de la Monarquía y que hoy es motivo de protestas de vecinos y ecologistas. Estos días se cumple el 70 aniversario de su apertura a todos los madrileños.

En un lago como el que existe hoy los nobles solían patinar a ritmo de vals en invierno

Por César Otal, Madrid.

El ocio y el esparcimiento estaban asegurados en la Real Casa de Campo durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Ofrecía todo tipo de posibilidades: caza, pesca, representaciones dramáticas, patinaje sobre hielo a ritmo de vals, un pequeño «zoológico» con animales salvajes y exóticos o paseos a caballo. Pero sólo los monarcas y su corte podían disfrutar del recinto.

Hoy, cuando se cumplen 70 años de la apertura de este espacio por el Gobierno de la República para el disfrute de todos los madrileños, la Casa de Campo es el mayor prostíbulo al aire libre de España. Ni las declaraciones como Monumento Histórico-Artístico ni la de Bien de Interés Cultural de las que goza han podido salvarla de la degradación, sobre todo en los últimos años.

Desde 1941, el «pulmón de Madrid» ha ido perdiendo de manera constante terreno como consecuencia de segregaciones y concesiones realizadas, por el Estado primero y por el Ayuntamiento de Madrid después, a distintas entidades. Lo que queda de la Casa de Campo da cabida a un recinto ferial, un parque de atracciones, un zoológico, un teleférico, restaurantes e instalaciones de varios organismos, entre otros muchos complejos.

La última en instalarse, y la que ha desatado las iras de vecinos y ecologistas, ha sido la prostitución, que ha traído una maleta cargada de problemas de inseguridad y limpieza. Todos estos «servicios» han disparado poco a poco pero de manera constante el tránsito de vehículos por el recinto y hoy ya se cifra en 60.000 diarios.

Los miembros del grupo municipal de Izquierda Unida visitaron ayer la Casa de Campo con motivo del aniversario de su apertura y exigieron un plan de gestión. El concejal de IU Gerardo del Val insistió en «el caos de gestión» del parque y apuntó al tráfico como «la agresión más grande» que sufre, por lo que pidió el cierre definitivo a los vehículos. Además, emplazó al Ayuntamiento «a poner sobre la mesa el Plan Integral sobre Prostitución» para dar salida a este problema y «dignificar la vida de estas mujeres».

Muy alejados quedan ya los tiempos en los que este espacio era mostrado con orgullo por los reyes a sus más ilustres invitados, como hizo Felipe IV con el Príncipe de Gales o la Duquesa de Mantua en sus visitas a Madrid. La Monarquía reconoció el valor de esta zona desde 1556, año en que Felipe II accedió al trono y planificó un programa de compras y expropiaciones de fincas para crear un gran bosque al oeste de Madrid.

Desde entonces, los distintos monarcas fueron ampliando los terrenos de la Casa de Campo, construyendo distintos estanques, fuentes y puertas y repoblando las zonas menos arboladas. Con Felipe III, aparte de seguir siendo utilizada como lugar de recreo y caza, la entonces Casa Real de Campo experimentó un cambio, ya que gran parte de su extensión se dedicó al cultivo de tierras, así como a la cría de ganado, aves y peces.

La llegada de los Borbones trajo nuevas adquisiciones hacia el norte y el oeste, cuadruplicándose su extensión inicial por valor de un millón y medio de reales de vellón aproximadamente. Pero su apogeo llegó con Carlos III, que mejoró la producción de la zona con nuevos sistemas de riego y cultivo. Además, encargó a Francisco Sabatini una serie de proyectos, como la remodelación de la antigua casa-palacio de los Vargas donde se hospedaron los monarcas desde Felipe II, la construcción de una ermita y una iglesia, la renovación de la red viaria con puentes ornamentales o la construcción de «La Faisanera» para la cría de faisanes y aves de rara especie en España. Por su parte, Carlos IV urbanizó el Real Sitio con avenidas y plazas para unir los distintos edificios del recinto.

Pero llegaron los franceses y su invasión acarreó importantes desperfectos, tanto en el arbolado como en la casa-palacio. Lo poco que hizo José I fue un pasadizo abovedado que comunicaba la Casa de Campo con el Palacio Real, así como un puente con una monumental puerta de hierro. No obstante, su sucesor, Fernando VII, supo recuperar el valor de este espacio, que por aquel entonces contaba con 1.747 hectáreas de extensión ¬hoy apenas supera las 1.000 hectáreas.

La Casa de Campo estuvo a punto de desaparecer en 1834. Ese año, el Gobierno español tenía encima de la mesa un proyecto para edificar en toda su superficie un pueblo entero. Incluso, tenía ya un nombre adjudicado: «La Real Cristina». Por fortuna, la propuesta no recibió el visto bueno. Pocos años después Isabel II impulsó un ambicioso proyecto para mejorar el arbolado.

La Casa de Campo seguía siendo el lugar preferido de recreo de la familia real, donde solía pasear a caballo, navegar en su estanque o descansar en la casa-palacio. En 1876 se puso de moda una nueva actividad. Ese año se construyó un nuevo lago situado en el lugar que hoy ocupa el aparcamiento de El Lago y, cuando sus aguas se helaban en invierno, los nobles patinaban a ritmo del «Vals de los patinadores», del compositor romántico Meeyesber.

A principios del siglo XX, la Casa de Campo dependía del Real Patrimonio y tenía su propio gobierno y administración, independiente al resto de los Reales Sitios. Sus ingresos se obtenían de la venta de hielo y nieve, leña, resinas, leche, quesos y mantequilla de sus vaquerías o de la comercialización de los productos de sus huertas y viveros. Incluso, los empleados vivían dentro del recinto.

Y llegó 1931. Tal seguía siendo el valor de la Casa de Campo, que el nuevo gobierno republicano aprobó su cesión al Ayuntamiento de Madrid como parque de recreo el 20 de abril, tan sólo seis días después de proclamarse la República. El acto oficial de entrega a los madrileños se produjo el miércoles 6 de mayo a las doce de la mañana.

Setenta años después, el Ayuntamiento de Madrid no ha querido conmemorar este acontecimiento, a pesar de los requerimientos de la plataforma vecinal «Salvemos la Casa de Campo» y de los partidos en la oposición. Quizá el equipo de Gobierno municipal es consciente de que no es el momento para felicitarse ni de celebrar nada relacionado con la Casa de Campo.

Fuente: La Razón digit@l - 8 de mayo de 2001. Texto: D.R.

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