Historia general de los Vargas

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Inicio > Historia > Historia de los Duques de San Carlos (I)
Historia de los Excmos. Señores Duques de San Carlos, Condes del Puerto, Grandes de España de primera clase.
El Trono y la Nobleza, semanario dedicado a SS.MM. y AA. y Nobleza Española, 1849.

I.

Una de las familias que figuran entre las primeras de la nobleza española, entre las más ilustres y preclaras, es la de los Carvajales y Vargas, de que nos vamos a ocupar, y cuya historia se encuentra en diferentes épocas unida por gloriosos hechos á la general de la Monarquía, habiéndola dado ademas un sin número de esclarecidos hijos, que por sus hazañas y distinguidos servicios han figurado en todas las carreras. Poco diremos para que brille el lustre y esplendor de su linaje, siendo suficiente asegurar que por varios enlaces tienen conexion con esta antiquísima casa la de los Manrique de Lara, Fernandez de Córdova; Guzmanes y Silvas.

No nos remontaremos á grande altura, ni á época fabulosa á buscar su origen, consta en las crónicas y en los Nobiliarios su procedencia de los nobles que se retiraron con D. Pelayo á Covadonga. Don Fruela II, D. Silo Carvajal, Reyes de Leon, asi como otros soberanos de Europa, han participado de la sangre esta ilustrísima familia. Es por consiguiente el primer Carvajal que conocemos D. Fruela, hijo del segundo de este nombre y de Doña Acemarre de Carvajal, que lo fué del Conde D. Gonzalo Guillen, Gobernador de Galicia y falleció en 922, Reinando D. Ordoño. Era tía del Conde D. Gonzalo Guillen, Gobernador de Leon, en cuya defensa murió valerosamente, segun asegura el P. Mariana haciendo mencion de este gran guerrero.

Una de sus descendientes, Doña Teresa Carvajal, casó con el Conde Gonzalo Gomez y fueron padres de los Condes de Carrion, que enlazaron con Doña Sol y Doña Elvira, hijas del valiente y leal Rodrigo Díaz del Vivar, llamado el Cid Campeador.

El Conde Gonzalo Gomez de Carvajal que vivió en tiempo del Rey D. Fernando I se halló en Sevilla cuando llevaron el cuerpo del glorioso Dr. San Isidro, y confirma como Rico-home en un privilegio de dicho Rey (1063) firmando como pariente de éste. El referido santo sirvió en la casa de los Vargas, de la cual son tambien oriundos los señores Duques de San Cárlos.

Cuando á la muerte del Rey D. Fernando I se dividieron sus Reinos de Castilla, Leon y Galicia, en sus tres hijos Don Sancho, Don García y Don Alonso, siguió la suerte del último Diego Gonzalez de Carvajal, hijo del Conde Don Gonzalo. Es bien sabido que D. Alonso venció en una batalla á su hermano D. Sancho, y haciéndole prisionero encomendó la guardia de su persona á la lealtad y cuidado de Carvajal. Trató éste por su parte al Príncipe con el esmero y atención debida á su alto nacimiento; así que habiendo dado vuelta la fortuna, poco tiempo después, en otra batalla que ganó el valiente Cid Campeador libertó á D. Sancho aprisionando á D. Alonso, como igualmente á Carvajal. Recordando el Infante las nobles prendas del que con tanta hidalguía le había custodiado le admitió en su gracia, le hizo Rico-home y Alcalde de Colonia, que hoy es Valencia de Don Juan. El espresado Diego Gonzalez se encontró en el sitio de Zamora y muerte del Rey D. Sancho. Su nombre se lee entre las firmas de varios privilegios dados por el monarca en 1093. Tambien asistió á la jura del Rey D. Alonso por los Reinos de Castilla y Leon: á los desposorios del Cid con Doña Gimena Gomez, nombrándose fiador en una escritura, en la cual aquel famoso guerrero concede ciertos heredades á su mujer. Por último, se encontró en el sitio de Toledo y con él su hijo don Fruela Díaz de Carvajal.

Gonzalo Gonzalez de Carvajal, hijo del antecedente, fue enviado de Embajador á Roma cerca del Papa Inocencio III, con una comision delicada acerca de su monarca. Se halló en la famosa batalla de las Navas de Tolosa, ganada á los moros en 1212; en las conquistas de Córdoba y Baeza, confirmando como conquistador y Rico-home los privilegios otorgados por el Rey D. Fernando.

Don Diego Gonzalez de Carvajal, hijo primogénito del anterior, fue de los primeros caballeros que del Reino de Leon vinieron á establecerse en Castilla, en servicio de la Reino Doña Berenguela, madre de don Fernando el Santo, y fijaron su asiento en la jurisdiccion de Plasencia (1). Estuvo en la conquista de Andalucía con aquel Rey. Mas adelante siendo imposible que los Infantes por su corta edad siguiesen la guerra, le encargó la custodia de ellos, y los llevó á su casa de Castilla, hospedándolos cumplidamente. Casó con Doña Sarra de Vargas, y tuvieron por hijo á D. Diego Gomez de Carvajal.

Alfonso Díaz de Vargas, y no Alfonso Yánez, como dice Ilaro en su Nobiliario, sirvió al Rey D. Alonso el Sabio, siendo su ballestero mayor. Murió en Toledo en 1295 despues de haberse distinguido tanto por su fidelidad y amor á su monarca y país en todas ocasiones, principalmente en las guerras contra los moros, mereciendo por sus buenas dotes y valor se le llamára caballero prudente y generoso. Contrajo matrimonio con Doña Teresa Ruiz de Llanos, tuvieron varios hijos, entre otros Alvar Gil de Carvajal, que casó en Portugal, siendo sus descendientes los señores de Evaramonte en aquel Reino, y de estos la casa Real de Braganza.

Juan Alfonso de Carvajal y Pedro Alfonso de Carvajal, hijos tambien del antecedente, sirvieron al Rey D. Fernando IV de este nombre, en las guerras contra los moros y en todas las ocasiones de su época, hasta que cayeron en desgracia con este Príncipe, por las intrigas y rivalidades de sus émulos. Fue la causa principal el asesinato cometido en la ciudad de Palencia contra la persona de D. Juan Alfonso Benavides, cuando salía de palacio. Fueron acusados los dos hermanos Carvajales (según opinión de los historiadores falsamente y por rivalidad) como culpables y autores de aquel crímen. El muerto Benavides era un joven perteneciente á una familia distinguida de Castilla, y ademas gran privado favorito del monarca. Esta circunstancia desventajosa para los Carvajales, como tambien la de su inclinación al bando y pretensiones de los Cerdas, contribuyeron y bastaron á enojar en alto grado el ánimo del Rey, preparando el desastroso fin de aquellos hidalgos; que no alcanzaron del despiadado Don Fernando prestase oídos á las protestas que le hacían de justificar su inocencia. Mandó el Rey fuesen arrojados de lo alto de una peña, cerca de la villa de Martos, á la sima mas profunda: venganza y castigo atroz que llenó de terror á cuantos escucharon la sentencia y no ofrece ejemplares en nuestra historia, pero que aun llevada á cabo, aun á vista del tremendo precipicio fortaleció á los nobles Carvajales, que murieron animosos protestando siempre su inculpabilidad. Es de notar la citación solemne que al ejecutarse la sentencia hicieron aquellos caballeros aplazando al Rey ante el tribunal de Dios á los treinta días de su muerte. Así se cumplió en efecto falleciendo D. Fernando en Jaen el 7 de setiembre de 1312, día en que espiraba aquel fatal término, desde el cual es conocido por el renombre de Don Fernando el Emplazado (2).

(1) La casa solariega de los caballeros Carvajales tiene su origen en un pequeño lugar al pié de las montañas de Leon, llamado Carvajal.

(2) Hé aquí lo que escribió acerca de este suceso el P. Mariana en el libro XV de la Historia general de España. "Allí (en Martes) sucedió una cosa notable. Por su mandado dos hermanos Carvajales, Pedro y Juan, fueron presos. Achacábanles la muerte de un caballero de la casa de Benavides que mataron en Palencia al salir del Palacio Real. No se podía averiguar quién fuese el matador; por indicios muchos fueron maltratados. En particular estos caballeros, oído su descargo, fueron condenados de haber cometido aquel crímen contra la Majestad, sin ser convencidos en juicio ni confesar ellos el delito; cosas muy peligrosas en semejantes casos. Mandáronlos despeñar de un peñasco que allí hay, sin que ninguno fuese parte para aplacar al Rey, por ser intratable cuando se enojaba y no saber refrenarse en la saña. Los cortesanos por saber muy bien esta su condicion, se aprovechaban della, á propósito de mal finar y derribar á los que se antojaba. Al tiempo que los llevaban á ajusticiar, á voces se quejaban "que morían injustamente, y á gran tuerto ponían á Dios por testigo, al cielo y á todo el mundo." Decian "que pues los orejas del Rey estaban sordas á sus quejas y descargos, que ellos apelaban para delante del divino tribunal, y citaban al Rey para que en él pareciese dentro de treinta días." Estas palabras que al principio fueron tenidas por vanas, por un notable suceso, que por ventura fue acaso, hicieron después reparar y pensar diferentemente. El Rey muy descuidado de lo hecho se partió para Alcaudete, donde su ejército se alojaba; allí le sobrevino una enfermedad tan grande que fué forzado dar la vuelta á Jaen, bien que los moros movían práctica de entregar la villa. Aumentábase el mal de cada día y agrávase la dolencia, de suerte que el Rey no podia por sí negociar. Todavía alegre por la nueva que le vino que la villa era tomada, revolvía en su pensamiento nuevas conquistas; cuando un lunes que se contaban siete días del mes de setiembre, como despues de comer retirase á dormir, á cabo de rato le hallaron muerto. Falleció en la flor de su edad, que era de veinte y cuatro años y nueve meses, en sazon que sus negocios se encaminaban prósperamente... Entendióse que su poco órden en el comer y beber le acarrearon la muerte: otros decian que era castigo de Dios, porque desde el día que fue citado hasta la hora de la muerte (cosa maravillosa y extraordinaria) se contaban precisamente treinta días."

Fuente: El Trono y la Nobleza, Segunda época, Noviembre de 1849, Núm. 42.

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